El valiente Zamu

Érase una vez un elefante que tenía una hermosa esposa. Todos los años viajaban a distintas aldeas y se divertían por montón. Un día notaron que, aunque los dos se complementaban y había mucho amor en sus corazones, era la hora de dar el siguiente paso. Después de analizarlo por mucho tiempo, tomaron la decisión de ampliar su felicidad y tener un bebé.

Luego de varios meses de intentarlo, lograron cumplir tan hermoso sueño: Mamá Elefante estaba embarazada. Cada día se levantaba pensando cómo sería tan anhelado bebé. Cando por fin llegó, lo llamaron Zamu y fue amor a primera vista. Mama Elefante sentía que era lo más hermoso que había visto. Era liviano como una pluma, y tenía ojos grandes y brillantes. Era el elefante más tierno y juguetón. Mamá estaba fascinada.

Cada día Zamu se sentía más afortunado por vivir en su aldea, pues estaba rodeado de muchos animales con los que le encantaba jugar. En las mañanas se levantaba a mirar el amanecer y a escuchar el armonioso sonido de los pájaros, ya que ellos se acercaban a su ventana y con grandiosos sonidos buscaban siempre hacerlo sonreír.

Un día el pequeño elefante se levantó como cada mañana a saludar a sus amigos pájaros, pero notó que ellos no estaban esperándolo como era frecuente. Zamu escuchó un raro sonido eléctrico que no le era familiar, miró hacia el cielo y notó que muchas mariposas volaban hacia otro lugar huyendo de un misterio que él debía averiguar.

Decidió entonces adentrarse en el bosque para averiguar lo que sucedía. De repente escuchó voces de hombres que pretendían talar los árboles de su aldea. Zamu, asustado, corrió muy rápido para alertar a sus padres y a los demás animales.

En el trayecto escuchó el llanto de un pequeño niño, hijo de un talador, que había quedado aprisionado por un tronco de madera que había caído debido a la tala de árboles. Zamu llamó a su amigo oso para que con su fuerza le ayudara a levantar el tronco y así rescatar al pequeño que lloraba y gritaba sin cesar. El padre se percató de lo que sucedía y corrió en auxilio del pequeño creyendo que el señor oso lo atacaría, pero se dio cuenta de que los animales solo buscaban ayudar.

El talador entendió que hay muchos animales que viven en el lugar y que, así como ellos salvaron a su hijo, él debía detener la destrucción del bosque y respetarlo. Comprendió que debían ayudarse unos a otros, así que dio la orden de no talar más árboles y retirar las máquinas del lugar.

Los animales de la aldea decidieron entregar una corona a Zamu, declarándolo rey y guarda del bosque, y fuimos muy felices desde aquel día, juntos como una gran familia.