Juanito y los dones mágicos

Érase una vez un pueblo llamado Happyland, donde vivía un pequeño de cinco años llamado Juanito. Un niño querido, amable y conversador. Siempre saludaba entonando una divertida canción: “!Ey, hoy es un nuevo día, canta, baila y sé feliz. Soy tu amigo... cuenta conmigo!”.

Los padres de Juanito tenían dones mágicos: su madre bailaba con gran talento y precisión; su padre tocaba instrumentos musicales con gran armonía y pasión.

Juanito, por su parte, aún no contaba con un don especial; sin embargo, había algo que hacía mejor que los demás: amaba y cuidaba a los animales del bosque con mucho cariño, tanto, que los trataba como si fuesen sus mejores amigos.

Pasaba casi todo el día en su casita del árbol, donde jugaba con sus divertidas amigas las mariposas moradas, azules y amarillas. Pero no todo en Juanito era felicidad, pues había algo que le preocupaba y no le permitía tener tranquilidad. En su pueblo era tradición que los niños al cumplir cinco años contaran ya con un don especial, pero Juanito aún no lo tenia... y sus amiguitos ya lo presumían.

Juanito llegó a pensar que él no era especial, y que no aportaría nada en este mundo. Pasaron los días y él seguía triste y desilusionado... tanto, que las personas notaban que su carisma y alegría habían cambiado. Ya no sonreía ni saludaba con canciones, y se convertía de a poco en un ejemplo de los gruñones.

Pero de pronto, un día Juanito recordó la antigua leyenda que su amigo Mati le había contado:

−Dice la leyenda que en un bosque encantado existían una pluma mágica y un corazón de oro rosado, que tenían la magia de cumplir a quien los encontrara todos los deseos que en su corazón guardara.

Inmediatamente, Juanito pensó que esa pluma y ese corazón serían la solución. Empezó a preguntar dónde podía encontrarlos, pero nadie sabía dónde estaban. En medio de su búsqueda encontró un elefante sabio, quien le confirmó que sí era posible hallarlos, que no era tan difícil como parecía, pero las preocupaciones de la vida no lo permitían.

Aún confundido, continuó y encontró a quien le haría entrar en razón: el oso rey del bosque, que con su gran corona de sabiduría le dijo la frase con la que al fin entendería:

−Las respuestas están en ti mismo; solo hay que tener paciencia y pensar con optimismo. Lo que buscas no está en la lejanía, está en tu corazón, que es un mar de alegría.

Y así Juanito comprendió que su don mágico era su valioso corazón, con el que trasmitía alegría a personas y animales, y los hacía olvidar por un momento de todos sus males.

Juanito volvió a ser el mismo niño encantador, recordando que el corazón de oro está en su interior. Junto con sus padres, continuaron brindando con amor los maravillosos dones que la vida les regaló. ¡Y fueron muy felices!