La magia del deseo

Hace algún tiempo, en un país lejano, vivían Mamá Oruga y Bebé Oruga. Cada noche, al acostarse, mamá le leía un cuento sobre mariposas que volaban por los cielos, libres y felices, y Bebé Oruga deseaba con todo su corazón convertirse algún día en una hermosa mariposa, así que le preguntó a su mamá cómo podía cumplir su deseo.

−Debes emprender un viaje hacia el Valle de las Colinas y encontrar la que tenga el árbol más grande con un pequeño nido donde vive un pajarito −dijo Mamá Oruga−, pero debes hacerlo en compañía de algunos amigos que irás encontrando en el camino.

Bebé Oruga sabía que aún era muy pequeño para hacer ese gran viaje, y por eso decidió esperar a que pasara algún tiempo para ir en busca de su deseo. Luego de algunos años, vio que se había convertido en un joven muy guapo y grande, así que una mañana fue donde Mamá Oruga y le dijo que ya estaba preparado para emprender su viaje. Su mamá lo apoyó y con gran felicidad lo llenó de besos y abrazos y le deseó mucha suerte en su camino.

Entonces el Joven Oruga salió en busca de su deseo: convertirse en una hermosa mariposa.

Mientras iba por el camino hacia el Valle de las Colinas se encontró con un gran elefante que lloraba desconsolado. El Joven Oruga se acercó cuidadosamente.

−¿Por qué lloras, amigo elefante? −le preguntó.

Entre lágrimas, el elefante le contó que se le había perdido el corazón. El Joven Oruga, que era muy amable, decidió ayudarlo, aun sabiendo que eso retrasaría su viaje. Se hicieron grandes amigos, y durante la búsqueda del corazón del elefante, que por cierto era muy tierno y amigable, el Joven Oruga le contó sobre su deseo de convertirse en mariposa. Su amigo elefante se emocionó igual que él y le dijo que también le ayudaría.

Joven Oruga recordó que su mamá le había dicho que solo tenía dos días para llegar al Valle de las Colinas y realizar su deseo. Pero ayudarle a su amigo elefante lo retrasaría, así que eso lo entristeció un poco, pues creía que no iba a lograrlo.

Al día siguiente, como por arte de magia, el corazón del elefante apareció y los dos amigos, felices, decidieron seguir hacia su destino. Ya en el Valle de las Colinas, el Joven Oruga encontró el gran árbol. Debajo de él había un señor oso blanco con una gran corona sobre su cabeza.

−Te estábamos esperando −dijo el oso.

En ese momento el pajarito que vivía en el gran árbol dejó caer una pluma sobre el Joven Oruga, quien se vio de pronto convertido en una gran mariposa. ¡Su deseo se había vuelto realidad! Por eso, él se despide de ti diciendo: ¡Y fuimos muy felices!